“La figura del inventor ha perdido todo su romanticismo”, me dice al tiempo que devora unos canapés de jamón ibérico. Su padre, en cambio, era el típico romántico torturado. Alumno brillante del MIT, se encerró en un taller durante días para diseñar el prototipo de un invento que consideraba revolucionario: la bicicleta para zurdos. No sólo no triunfó, sino que engendró crueles burlas y descalificaciones. “Sembraron en él la semilla del odio. Pero avivaron también el fuego de la creatividad”. El último y más célebre artefacto creado por John Ripley fue el Laserdisc, pero le precedieron numerosos aparatos que nunca llegaron a cuajar: la “Baby Cage” -una especie de jaula esférica para bebés que permitiría dormir con ellos sin aplastarlos-, el “Sonotone musical” -incomprensible reproductor de música para sordos- o el llamado “gato-mopa” -un palo impregnado de feromonas al que se aferrarían los gatos y que serviría para atraer el polvo sin esfuerzo-. Su hijo nunca fue capaz de cuestionar la inteligencia paterna, y sigue justificando los fracasos comerciales de su progenitor apelando a la incomprensión y a la ceguera de la sociedad. “Pero yo tengo armas para seducir al que no detecta lo genial a simple vista”. “¿Qué armas son esas?” le pregunto, esperando el típico discurso de manual de marketing y relaciones públicas. “Tías buenas y mucha teta”, me contesta dibujando unos enormes pechos en el aire, con la boca aún llena de jamón.

Un boceto de la "Baby Cage".

Jesse Ripley recorre el mundo con un ambicioso proyecto: quiere convencer a los dueños de los principales gimnasios del mundo para que conecten todas sus bicicletas estáticas entre ellas. “La energía que generas pedaleando en el gimnasio puede unirse a la de cientos y miles de personas que están haciendo lo mismo que tú, y toda esa cantidad de energía que ahora se desperdicia podría servir para iluminar ciudades enteras”. Pide también a los gobiernos que le ayuden a financiar la construcción de una gran dinamo a la que conectar varias bicicletas estáticas, demostrando que su proyecto para generar electricidad limpia y gratuita es posible. “A mi favor tengo la importancia que han tomado las energías renovables, y en contra está la crisis, que hace que nadie quiera invertir”. Me muestra una fotografía suya “con un importante grupo de empresarios americanos”. Todos ellos, rodeados de bicicletas estáticas montadas por rubias explosivas. “¿Crees que eso funcionará en España?”, me pregunta. El camarero me ahorra la respuesta entregándome la cuenta. Ripley sigue escondido tras las gafas de sol, tirando migas de pan a las palomas.

Escampreru

– Canapés de jamón ibérico.
– Ensalada de tomate y bonito.
– Croquetas de pollo.
– Tercio de cerveza.
– Coca-Cola Light.

Total: 35 €.