Miles de estudiantes ocuparon ayer las calles de Madrid y Barcelona para protestar contra la implantación del llamado “plan Bolonia”. Para que ello fuera viable, era necesario que Roberto Rojas, aplicado estudiante de FilologÃa española, se quedara en la Facultad tomando apuntes con el fin de que nadie perdiera el ritmo de las clases. “Lo hubiera hecho igualmente, pero me ha molestado que se diera por sentado que tenÃa que ser yo”, ha lamentado.
Acaba de salir de la clase de BioquÃmica y tiene que cruzar todo el campus en diez minutos para llegar al edificio de IngenierÃa Naval. “Si no, no me dejan entrar en el aula. Aunque sea el único”, explica casi sin aliento mientras recorre a toda prisa las instalaciones de la Complutense. Roberto Rojas es el único alumno que ha asistido hoy a clases. Y no sólo a las suyas, sino a las de miles de compañeros. “Lo que más me cuesta es la matemática, porque soy de letras. Pero lo apunto todo tal cual lo escribe el profesor en la pizarra y el interesado imagino que ya lo comprenderá. Si me preguntan algo improviso, más no puedo hacer. Y luego, cuando llego a casa, me espera lo más duro: pasarlo todo a ordenador para enviarlo por correo electrónico, no vaya a ser que los chavales tengan que gastar dinero en fotocopias”. Se muestra un tanto resentido, pero asegura que es por el estrés del momento. “Después se me pasa. Aunque nadie lo agradezca, sé que de mà depende en gran parte el rendimiento académico de mucha gente” afirma mientras recoge los papeles que se le han caÃdo al suelo al tropezar con una papelera.
“Responde al tÃpico perfil del empollón y eso marca mucho. Por suerte, parece que aguanta bien la presión” asegura Carlos Berzosa, rector de la UCM. Efectivamente, Rojas debe soportar las crÃticas e incluso las agresiones puntuales de quienes están en contra de su labor. “Algunos dicen que los profesores imparten la clase sólo con que asista un alumno, y creen que la suspenderÃan si no acudiera nadie. Pero eso depende mucho del profesor y no nos podemos arriesgar a que se decida dar la materia por explicada, eso serÃa terrible” reflexiona Roberto. Respecto a las agresiones, revela auténticas atrocidades que insiste en minimizar: “lo tÃpico es el ‘rompenueces’. Ya sabes, te levantan entre unos cuantos, te abren de piernas y te empotran la entrepierna contra una farola. Por supuesto, todo eso después de que les hayas pasado los apuntes”. Aunque acaba el dÃa absolutamente derrotado, sabe que a la mañana siguiente le espera la efÃmera pero intensa sensación de saberse protagonista: “la gente llega después de las manifestaciones y lo primero que hace es preguntar por mÃ. En estos momentos te sientes alguien especial, a mà me compensa. Además siempre insisto en no victimizar, porque sé que los que salen a la calle a enfrentarse a la autoridad también arriesgan. Un compañero mÃo se ha declarado en huelga de marihuana y habrÃa que verle, no se tiene en pie”.
Pobre Guillaume, usar su foto en vano. Muy mal. Que sepáis que le voy a avisar, porque además HABLA CASTELLANO!!!!
Si no le gusta, que nos mande otra. Si aquà estamos para servirles.
El problema no es que me guste o no la foto. El problema es que la foto es la de una persona (yo en ese caso) que no tiene nada que ver con Roberto Rojas. Si no tienen fotos de Roberto Rojas, ponga otra pero que no sea la mia por favor!
Habrá sido un error de la agencia EFE. Mañana buscamos al auténtico Roberto y lo cambiamos, no se preocupe. ¡Lamentamos las molestias que hayamos podido ocasionarle!