
El centro geriátrico “La vieja Easo”, ubicado a dos kilómetros de La Moraleja -urbanización madrileña de alto standing-, será derruido para erigir en su lugar un cementerio de peluches. La empresa que gestionará el camposanto infantil defiende el “derecho de los niños a desprenderse civilizadamente de sus peluches, viviendo el proceso de duelo de forma pedagógica, cercanos a la experiencia adulta. Porque no es normal despedirse de un ser querido arrojándolo al container o destripándolo, por mucho que hablemos de seres inanimados”.
La opinión pública ha censurado la iniciativa, especialmente después de que se hayan difundido las imágenes de los ancianos de la residencia abandonando su único hogar con todas sus pertenencias. Muchos de ellos no cuentan con apoyo familiar y tampoco tienen asegurada su recolocación en otro geriátrico. Sin embargo, en La Moraleja se están reuniendo ya todos los peluches susceptibles de ser enterrados. “Los niños están emocionados y se han implicado desde el principio. Hemos encargado un mausuleo para enterrar en él a todos los ejemplares de ‘Mi pequeño Pony’, respetando la estética de los muñecos. En cambio, para los ‘He-Man’ o los ‘Madelman’ oficiaremos rituales guerreros” asegura una inquilina de la urbanización.
Las posibilidades de negocio son evidentes. De hecho, la empresa catalana Tous está ultimando un modelo de ataúd con la forma de su célebre oso plateado, y se ofrecen también cajas forradas con el clásico estampado de Burberry. Los promotores del cementerio insisten en justificarse ante quienes les critican por manipular a los niños y frivolizar con intereses empresariales: “el poder simbólico de los peluches es evidente. No es un capricho para niños ricos sino una base de crecimiento para su estructura emocional. Yo les recomiendo a todos que aparquen los prejuicios y que estudien un poco de psicologÃa infantil” ha declarado el portavoz de la promotora.
Me uno incondicionalmente a esta iniciativa. El equilibrio intelectual y emocional de las futuras generaciones se cimenta sobre el correcto tratamiento de los compañeros de andanzas durante los primeros estadios de su vida. Si se tira a los juguetes como si fueran basura, lo normal es que en su vida adulta se tire a sus ancianos, inservibles, a pre-cementerios como son los asilos.
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