Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas, se ha dirigido esta mañana a los periodistas en la sede central de la organización en Nueva York. El objetivo del acto era “comunicar un suceso de alcance internacional que se había mantenido en secreto por cuestiones de seguridad”.

Obviamente, este anuncio ha generado una gran expectación y hasta el inicio de la esperada rueda de prensa han ido circulando todo tipo de rumores infundados sobre el posible advenimiento de una nueva raza de seres “provenientes del frío” y comandados por Michael Jackson, la confirmación del fin del mundo o la creación de una plataforma elevada sobre el océano Pacífico para que se instale en ella el pueblo judío.

Finalmente, Ki-Moon ha desmentido todas las suposiciones y ha revelado que “un héroe misterioso, del que no sabemos más que su propia existencia, ha salvado al mundo de un peligro que hacía tiempo que nos acechaba, algo que no nos veíamos capaces de controlar, comprender y, por lo tanto, combatir”.

El secretario general ha sido incapaz de ofrecer datos más concretos porque “realmente no los tengo, nunca los hemos tenido”.

“Sólo puedo decirles”, ha aclarado ante la insistencia de los periodistas, “que la alarma saltó en los foros de internet y desde entonces no hemos parado de trabajar conjuntamente, contando con la colaboración de los servicios secretos de los distintos países, para establecer el quién, el cómo, el cuándo y el luego qué”.

Cuando se habían establecido ya medidas para la reconstrucción después del inminente desastre, un héroe “misterioso y desconocido, que podría ser como usted o como yo, o bien distinto, incluso vistiendo con ropa muy, muy diferente, ha alejado el peligro poniendo en riesgo su propia integridad”.

Cuando una periodista de la NBC ha preguntado a Ki-Moon si se estaba refiriendo a Jesucristo, la respuesta ha sido contundente: “todos sabemos quién es Jesucristo, hay fotos, hay croquis, usted lo ve por la calle y sabe quién es. Cuando digo que se trata de un héroe desconocido, me refiero a que podría estar aquí ahora mismo, protegiéndonos”. Esta última afirmación ha creado cierto revuelo entre los asistentes, que se han mirado unos a otros con recelo.

“Sabemos que es bueno y desde aquí le damos las gracias. Y como es bueno, no hay de qué preocuparse. Ahora ya no. Por lo tanto, no tiene sentido que sospechemos unos de otros. Él quiere la paz”.