
Lisa Sternberg.
Más de treinta años en la trinchera de su consultorio de psicologÃa han permitido a la doctora Lisa Sternberg certificar los cambios que ha experimentado nuestra sociedad y, con ella, las patologÃas mentales de aquellos que la conforman. “Han surgido trastornos nuevos, muchos de ellos ligados a la tecnologÃa, que exigen nuevos enfoques terapéuticos”. El sÃndrome del bigote psicológico, la adicción al wifi o el complejo de Melendi son algunas de estas patologÃas a las que cabe enfrentarse sin contar con un tratamiento consensuado. Para poner en común estos desafÃos, Sternberg publica “Nuevas patologÃas hipermodernas” (Gedisa), un manual que “más que ofrecer soluciones, visibiliza problemas”.

Lisa Sternberg.
Más de treinta años en la trinchera de su consultorio de psicologÃa han permitido a la doctora Lisa Sternberg certificar los cambios que ha experimentado nuestra sociedad y, con ella, las patologÃas mentales de aquellos que la conforman. “Han surgido trastornos nuevos, muchos de ellos ligados a la tecnologÃa, que exigen nuevos enfoques terapéuticos”. El sÃndrome del bigote psicológico, la adicción al wifi o el complejo de Melendi son algunas de estas patologÃas a las que cabe enfrentarse sin contar con un tratamiento consensuado. “Conseguà que un adicto a los ‘post-its’ se desenganchara, pero el problema derivó en una obsesión por fotocopiarse la cara de la que aún no se ha recuperado. En casos asÃ, necesitas el apoyo de otros especialistas”. Para poner en común los desafÃos a los que tiene que enfrentarse, Lisa Sternberg publica “Nuevas patologÃas hipermodernas” (Gedisa), un manual que “más que ofrecer soluciones, visibiliza problemas”.
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Xavi Puig. ¿Cuál es el rompecabezas más complejo al que se está enfrentando últimamente en su consulta?
Lisa Sternberg. Tengo casos muy duros entre manos. Un señor, ya mayor, sufre ansiedad galopante cuando sale de casa porque teme que se le acabe la baterÃa del móvil. Lo carga continuamente y siempre está pendiente de los enchufes. Luego todo es absurdo porque cuando le llaman cuelga para no gastar baterÃa. En realidad está totalmente incomunicado.
XP. ¿Y cómo enfoca la terapia?
LS. Le he recetado un generador eléctrico de esos que funcionan con diésel. Espero que se canse del ruido que hace y de lo mucho que abulta y se dé cuenta de que su obsesión no tiene sentido. Intento que reaccione de puro agotamiento.
XP. ¿Y cree que eso funcionará?
LS. No lo sé, pero la estampa es realmente curiosa. TendrÃa que verlo cuando sube las escaleras del edificio en el que tengo la consulta con el generador a cuestas. Por supuesto, con el estruendo del motor no oye el timbre del teléfono. Â
Tuve una paciente que cuando se enfadaba con Windows 98 giraba el monitor de cara a la pared, castigándole
XP. Muchos de los trastornos que aparecen en su libro tienen como detonante la tecnologÃa. ¿Qué hay en los aparatos tecnológicos que nos vuelve locos?
LS. Supongo que interactuar diariamente con instrumentos que en el fondo no escuchan, que no razonan, nos saca de quicio. No es raro ver a alguien gritándole al ordenador. Tuve una paciente que cuando se enfadaba con Windows 98 giraba el monitor de cara a la pared, como castigándole.Â
XP. ¿PodrÃa explicar en qué consiste el complejo de Melendi?
LS. Es una versión del complejo de culpa que viene por el hecho de sentir placer escuchando música sabiendo que es una basura. Después de una primera fase de negación, uno se descubre tarareando una melodÃa infecta y la autoestima baja en picado. Muchos afectados lo sufren en silencio. Otros se rinden y cambian de amistades, de vida y de trabajo.Â
XP. ¿Y visten como Melendi?
LS. Bueno, lo de Melendi es sólo un ejemplo que da nombre al trastorno. Pero sÃ, digamos que en ocasiones el afectado piensa que, si no puede enfrentarse al enemigo, es mejor unirse a él. En los pueblos, Labordeta ha hecho estragos en ese sentido.
XP. Escribió usted un artÃculo denunciando los controles aeroportuarios. ¿Tan perjudiciales son para la salud mental?
LS. Son otra fuente de problemas, relacionados también con la culpa. En mi artÃculo me ceñÃa a los detectores de metales. Han acudido a mà nueve pacientes que sienten ganas de llorar cuando se enfrentan al control del aeropuerto, y todo porque en una ocasión pitaron al pasar por el detector. Para ellos es como suspender un examen, el pitido les recuerda que no valen nada, que han olvidado quitarse el cinturón, o las llaves, y las miradas ajenas les humillan. Una chica pitó al salir de un Zara. No habÃa comprado nada, pero insistió en pagar una compensación porque sentÃa que habÃa hecho algo mal. Por eso insisto en que los detectores son fuente de complejos e inseguridades, creo que se puede idear otro sistema menos acusador y agresivo.
Se decoloran el bigote pero creen que se les sigue viendo. Se tapan el rostro, algunas se hacen hasta musulmanas
XP. ¿No cree que algunas de esas reacciones anormales tienen su origen en el propio paciente y no en la tecnologÃa en sà misma? ¿No puede tratarse de vulnerabilidades clásicas que se manifiestan de otra manera?
LS. En algunos casos sÃ. El paranoico que cree que le persigue un Pelocho, o que Telefónica le miente constantemente con las tarifas, es en el fondo el paranoico de toda la vida. Pero hay casos nuevos, casos en los que no sirve la experiencia anterior y que vienen del contexto.Â
XP. Ofrezca un ejemplo.
LS. Las mujeres con bigote psicológico. Hace ya años salieron al mercado esos productos para decolorar el vello facial y desde entonces ha habido casos de mujeres con bigote psicológico. Se lo decoloran pero creen que se les sigue viendo. Se tapan el rostro, algunas se hacen hasta musulmanas, con todo lo que ello implica. Conozco el caso de una chica que optó por ponerse un esparadrapo, pero seguÃa sintiendo que el pelo crecÃa y crecÃa, traspasando la barrera. Abandonó la terapia y emigró a México.Â
XP. Es cierto que a veces estos decolorantes no son del todo efectivos, y que de perfil se sigue viendo el vello.
LS. ¿En serio?
XP. Bueno, es una apreciación personal. Me da esa sensación.
LS. ¿Usted me ve bigote?
XP. Asà de frente no. Pero de perfil, según cómo incide la luz…
LS. ¿Ahora me lo ve?
XP. La verdad es que es casi inapreciable…
LS. Pero se ve, ¿no?
XP. Se ven como pelitos rubios.
LS. Qué desastre. Es un despropósito esto del decolorante. Yo no…
XP. Insisto en que es inapreciable.
LS. Aunque asà sea, hay cosas que no deberÃan…
XP. No querÃa importunarla, sólo lo decÃa porque a veces todo tiene una base.
LS. Una base peluda, sÃ. Me siento absolutamente abochornada, lo lamento. Ahora deberÃa… debo irme ya.
Lo del complejo de Melendi me lo apunto
La verdad es que a medida que leÃa la entrevista se me hacÃa imposible no fijarme en la pelusilla del labio… estas cosas a mà me pasan. De hecho el otro dÃa estaba hablando con un colega de libros y esas cosas y me di cuenta que llevaba una patilla más tupida que la otra. Casi me destruye la mente.
Yo no puedo con los pelillos que sobresalen de la nariz parece que vayan a atraparte y chuparte la energÃa vital.
¿Y qué me decÃs de esos pelos de la espalda que parecen estalactitas en cuanto salen?