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El rotundo éxito del gadget de la compañía de la manzana es incuestionable. Ahora bien, los precios asequibles y su facilidad de uso lo han popularizado tanto que podría morir de éxito. Con la intención de preservar su tradicional imagen de exclusividad, la casa de Cupertino ha decidido que no venderá más iPhones a “la gente de procedencia rural y humilde en general”.

Apple, desde que lanzara el primer iMac hace ya diez años, se ha caracterizado por ser una marca adorada por diseñadores, publicistas y músicos. Poco a poco, la proliferación de Apple Stores por todo el mundo, su bajada de precios y, especialmente, el éxito de ventas del iPod y el iPhone han hecho que la marca a sea conocida y adquirida por gente de diversos estratos, incluida la gente de pueblo. Como han ido señalando diversos expertos desde hace algún tiempo, esto iba a acabar minando la imagen de la compañía. El último movimiento de Apple anunciado por Tim Cook (al frente de la empresa desde que Steve Jobs, su máximo responsable, está de baja por un desarreglo hormonal) trata de evitar esto a largo plazo. Vender menos para seguir vendiendo.

En España, el iPhone 3G es distribuido desde el año pasado por Movistar. La consejera delegada de Telefónica de España, Belén Belén Amatriaín, señaló por teléfono a este diario que para garantizar que se cumple la voluntad de Apple (al fin y al cabo, gracias a su contrato de exclusividad han asegurado su liderazgo empresarial) exigirán documentación a aquellos nuevos clientes de los que se sospeche que pueden no ser “lo suficientemente urbanitas y modernos”. El papeleo, según Belén Amatriaín, no será demasiado complejo: un máster en teoría de la literatura o calificaciones similares, disponer de una cuenta en Twitter, e incluso una taza usada del Starbucks podrían servir para ser merecedor de un iPhone. “Ofreceremos celulares alternativos a todos los clientes toscos que acudan a una tienda Movistar a devolver su iPhone. Un dispositivo que al fin y al cabo tampoco son capaces de usar para otra cosa que no sea cascar nueces”.

La decisión ha sido comunicada, como en otras ocasiones, a través de una carta publicada en la web de Apple y avalada por el propio Steve Jobs. “No podemos permitir que la delicada pantalla táctil del iPhone sea manejada por unos dedos rudos y callosos como de arar con las manos”, escribe Jonathan Ive (diseñador de todos los productos de Apple y posible sucesor de Jobs al frente de la compañía), “sería como ver a Steve (Jobs) con sombrero de paja y cultivando boniatos.”

No es la primera vez que el CEO de Apple, al que muchos tildan de genio, toma decisiones controvertidas: en 2003 rechazó un vale de descuento de la tintorería para “Servicio exprés de planchaduría” tras recoger unos jerseys de cuello alto.