El bisonte, como sabrán, está en peligro de extinción. Hasta hace poco, manadas de bisontes recorrÃan las avenidas de las grandes ciudades españolas, deleitando a sus conciudadanos con su lustroso pelaje e integrándose de forma armoniosa en el contexto urbano. Actualmente, para ver pastar algún bisonte, es necesario acudir a espacios especialmente protegidos. En Barcelona aún perviven algunos ejemplares en la zona alta, básicamente en el barrio de Pedralbes. De vez en cuando bajan al Liceo, pero cada vez menos desde que actuó allà La Fura dels Baus.
El principal peligro para el bisonte de la era posmoderna no es el clima social y cultural sino un tal Armando Violénsia, natural de Palafolls. Violénsia es un individuo radical y antisistema que desde 1978 se dedica a la caza furtiva de bisontes. Está en búsqueda y captura desde que mató a cinco ejemplares en un casino marbellà empleando una escopeta recortada, pero la policÃa no le ha dedicado demasiada atención hasta el momento. Su actuación más espectacular tuvo lugar en Barcelona hace tres años. El cazador alquiló un ático con terraza en la Avenida Diagonal y desde allà abatió a un bisonte que pastaba en la terraza del bar Sandor. No contento con el crimen, bajó a la calle, se acercó a su presa, le ató una cuerda alrededor del cuello y la arrastró unos cien metros.
Desde que la conocida banda de leñadores vascos agresivos ha visto mermada su operatividad, las fuerzas del orden han empezado a dedicar su tiempo a cuestiones menores, incluyendo la carrera criminal de Armando Violénsia. Esperemos que le den caza pronto, porque de momento la burguesÃa catalana vive atemorizada.