Dice que lucha por los que no tienen voz. Literalmente. Conocida en el negocio de las funerarias norteamericanas como “pesadilla Trainer”, Cynthia Trainer lucha desde hace más de diez años para que se respeten las últimas voluntades de los muertos “en una época en la que se huye del compromiso”.

Cynthia Trainer y los restos de su esposo.

Pide un consomé y nada más: “tomo las cosas de una en una y separadas en el tiempo. Imaginar que se mezclan en mi estómago me produce arcadas. ¿A usted no? Lo suyo es una sopa de Coca-Cola con arroz y tomate”. Es quisquillosa y no perdona una. “Todo empezó en 1999 cuando visité la tumba de mis padres. Había crecido un arbusto entre ambas y no podían verse las caras. Ellos habían pedido ser enterrados de manera que se pudieran ver el uno al otro. Las autoridades me dieron la razón y eso me animó a seguir con otros casos”.

Alcanzó la fama cuando ganó un pleito contra la empresa Stevenson Brothers, que fue obligada a trasladar cincuenta cadáveres enterrados en el cementerio de Martha’s Vineyard. “Aquella gente había pagado más dinero a cambio de una tumba con vistas al mar. Cuando construyeron el hotel de doce plantas, aquellas vistas al mar desaparecieron, pero los muertos seguían allí, reposando delante de una pared de cemento. Estaba claro que debían ser trasladados”. Después de haberse realizado el traslado, Trainer exigió que se inspeccionaran uno a uno los cadáveres, afirmando que tenía la temible sospecha de que muchos de ellos se habían enterrado al revés, es decir, de espaldas al mar. A raíz de aquella inspección, tuvieron que enterrarse de nuevo seis cadáveres. Y Trainer pasó a ser odiada por muchos y adorada por otros tantos.

“Me temo que mi marido era de los primeros” confiesa Cynthia Trainer moviendo compulsivamente la cucharilla sumergida en el consomé. Como si hubiera recordado algo importante, agarra el bolso y saca de él una urna funeraria. La planta encima de la mesa. El camarero contiene a duras penas los ojos dentro de sus órbitas. “Se lo presento. James Braid. En vida no se hubiera mostrado mucho más entusiasmado al verle”. El señor Braid, al parecer, “no soportaba mi lucha por la dignidad de los muertos, les tenía celos, era muy infantil”. Por eso, a modo de venganza, dejó escrito que, al morir, quería que sus cenizas fueran esparcidas “en internet”. “Y se va a fastidiar, porque voy a conseguirlo” promete su esposa. Se ha reunido con gente de Google, de Microsoft e incluso con Alex Tew, creador de Facebook. Nadie ha podido convencerla de que es imposible esparcir cenizas en la red de redes, a no ser que sea de forma simulada, metafórica. Ha venido a España a reunirse con Julio Alonso, responsable de la red de blogs Weblogs SL. “Parece un señor afable y responsable. De los que no escupen a los muertos, vaya”. Si Alonso tampoco le da opciones, seguirá recorriendo el mundo, incansable, acarreando a su esposo en el bolso.

Restaurante Moper

-Consomé con yema.

-Arroz a la cubana.

-Coca-Cola Light.

Total: 14’20€.